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viernes, 22 de julio de 2011

Los Verdes y la Unidad Nacional


Un día después del aniversario de nuestra Independencia, hay algo que nos hace pensar en que ese 20 de Julio de 1810 se dio el primer paso hacia la democracia en Colombia. Sin embargo, 201 años después, un evento nos hace cuestionar si realmente estamos en un país democrático o si estamos dando un paso hacia atrás cuando uno de los partidos que le dieron esperanza a miles de personas en las pasadas elecciones presidenciales decidió unirse a la coalición de la Unidad Nacional.
Qué tiene de preocupante esto? No es mejor que todos los partidos rodeen al gobierno nacional?


Es preocupante, en el sentido de que de esta manera, la oposición llega practicamente a su fin. Después de los escándalos en los que se han visto involucrados miembros del Polo Democrático como el del llamado Carrusel de la Contratación en Bogotá, este partido, ha perdido su fuerza y sus seguidores en el país, y podríamos decir que sobrevive únicamente gracias a personajes como Clara López y Jorge Robledo que han cumplido a cabalidad con lo que se esperaba de ellos.

Pero más allá de lo que pueda estar pasando con la crisis del Polo democrático, ahondada además por el retiro de Gustavo Petro de la Colectividad, lo que hoy nos preocupa más que antes es el giro en U que ha dado el Partido Verde, el que representaba la esperanza y parecía ser una alternativa diferente a la política tradicional. Todo empezó cuando el Partido y en particular Enrique Peñalosa, aceptó el apoyo del expresidente Álvaro Uribe a su candidatura a la alcaldía de Bogotá, esto hizo que Antanas Mockus cofundador y miembro esencial del Partido Verde se retirara de la colectividad, lo que llevó al retiro y al malestar entre varios miembros del Partido como Juan Carlos Florez. Después de este duro golpe para los que vieron en el Partido Verde la posibilidad de un cambio real en la política colombiana, y cuando los politólogos nos sentíamos regocijados porque había un partido más en la oposición y en la esfera política del país, ayer, el Presidente Santos anunció la adhesión del Partido Verde a la mesa de Unidad Nacional, que no es más que una forma más diplomática de acabar con la oposición en el país.


Esto nos hace pensar en que la realidad es que como país hemos sido incapaces de salirnos de la política tradicional, lo que ha hecho que fracasen los intentos de terceras fuerzas de ganarse un lugar en el panorama político del país, y nos pone a reflexionar adicionalmente en la capacidad, o más bien incapacidad, que tuvo el Partido Verde para consolidarse como un verdadero Partido Político, pues nunca fue muy claro su programa y su ideología política, y como lo ha dicho el mismo Sergio Fajardo, miembro activo del partido, nunca fue capaz de elaborar un plan nacional, lo cual hizo que los verdes no pudieran expandir su influencia al resto del país. Adicionalmente, está claro, que el Partido Verde no entró a la coalición imponiendo condiciones, tal vez porque más allá del proyecto de Gilma Jimenez de la cadena perpetua para los violadores de niños y una que otra propuesta de Peñalosa para Bogotá, no es mucho lo que el Partido Verde tiene para ofrecer a los electores.

Qué le espera entonces a nuestro país después de esto? Lo que sabemos, es que queda un enorme vacío que espera ser llenado, y que es importante llenar, para proteger nuestra democracia y los intereses de aquellos que no piensan igual al gobierno de turno. Tal vez aún no estamos preparados para cambiar nuestra cultura política, esperemos que cuando eso suceda, no sea demasiado tarde.

domingo, 25 de julio de 2010

La Comunidad Internacional y la Crisis Colombo-Venezolana


Como era de esperar, esta semana el tema obligado al que hay que referirse es la ruptura de relaciones entre Colombia y Venezuela.
Este episodio, es uno más de la novela eterna de amor y odio que existe entre Colombia y Venezuela, y empezó por un arranque, poco adecuado desde el punto de vista diplomático, por parte del presidente saliente de Colombia, Alvaro Uribe Vélez, quien decidió convocar a una asamblea extraordinaria de la Organización de Estados Americanos (OEA), para denunciar que en Venezuela no sólo había campamentos de las FARC sino presencia de cabecillas de las FARC con el consentimiento del gobierno Venezolano que parece no hacer nada al respecto.
La dichosa Asamblea Extraordinaria se llevó a cabo, Colombia presentó sus pruebas mientras los demás Estados Miembros decidieron no pronunciarse ni a favor ni en contra de ninguno de los dos países y exhortarlos a una solución negociada del conflicto. La respuesta de Venezuela fue romper relaciones con Colombia, en otro acto diplomáticamente inapropiado (sobretodo si se tiene en cuenta la presencia de Maradona en ese momento crucial), y no permitir la entrada a su territorio de una comisión de verificación de la Organización Internacional (OI).
Pero ¿cómo se llegó a este punto? ¿Por qué ambos presidentes no son capaces de sentarse a dialogar y no han hecho sino atropellar los principios diplomáticos, llevándose por delante las relaciones comerciales, además de las raíces históricas y culturales que unen a sus pueblos? La respuesta a esa pregunta es muy fácil, ambos presidentes se han preocupado más por la política interna y la opinión pública de sus países que por la política exterior para ganarse el apoyo de sus pueblos y su perpetuación en el poder, es decir, se han preocupado más por agrandar su propio ego a expensas de las relaciones con los demás países, en particular sus países vecinos, en un mundo en el que la llamada interdepencia de la que hablan, Keohane y Nye, es una realidad que no puede ser dejada de lado.

Más allá de eso, muchos compatriotas colombianos, y supongo que muchos opositores Venezolanos, se preguntan por qué a pesar de las pruebas y de la denuncia hecha ante la OEA, la comunidad internacional y en particular los países amigos de Colombia, a excepción de Estados Unidos, han decidido asumir esa actitud pasiva y reservada al respecto, y por qué no obligan a Venezuela a dar explicaciones y respuestas tanto a Colombia como a la Comunidad Internacional.
El tema es bastante complejo, y no creo poder hacer un análisis exhaustivo en una entrada del blog, pero haré lo posible por abordar las razones principales.
A partir de la llamada Paz de Westfalia en 1648, se aceptó que una característica inherente a los Estados es la Soberanía y con ella se aceptó la no intervención de los demás países en los asuntos internos de cada estado soberano. Este principio de no intervención ha hecho parte, desde ese entonces, de los principios básicos de las Relaciones Internacionales y en particular del Derecho Internacional, transfiriéndose así a las Cartas o manuales de operación de las Organizaciones Internacionales y Organismos Multilaterales como la ONU y la misma OEA, lo que impide que otros países interfieran en los asuntos internos de los demás. Todo lo anterior quiere decir que ni la OEA ni la ONU ni los demás países pueden obligar a Venezuela a que acepte operaciones de una comisión de verificación en su territorio, la entrada de esta comisión DEBE ser autorizada por el país en cuestión para no incurrir en violaciones a la soberanía y evitar un conflicto armado, autorización que Venezuela no dió. La alternativa que tendrían las OIs y la Comunidad Internacional sería inducir, por no decir forzar, la aceptación de Venezuela de dicha comisión mediante mecanismos de presión, que generalmente incluyen medidas como embargos económicos y sanciones, pero es obvio que la misma condición de interdependencia hace poco probable que los demás países quieran perjudicar sus propias economías para apoyar a Colombia, y ello incluye a Estados Unidos, que todos sabemos que depende en gran medida de las importaciones de petróleo desde Venezuela.
Intervenir a la fuerza es obviamente una posibilidad demasiado remota.
Históricamente las OI, en particular la ONU, sólo ha decidido intervenir sin el consentimiento del país en pocas ocasiones y lo ha hecho haciendo uso del Capítulo VII de la carta aduciendo razones humanitarias, pero para que esto ocurra tiene que existir una crisis humanitaria o un peligro real para la seguridad de la humanidad, como por ejemplo la acumulación de armas de destrucción masiva, o actos terroristas como los del 11 de Septiembre, lo cual tampoco es el caso. A esto hay que sumarle que Colombia nunca ha aceptado ante la Comunidad Internacional que en su territorio hay un conflicto armado interno, el discurso que se maneja oficialmente (sobretodo desde el gobierno Uribe), y el único permitido, es que en Colombia lo que hay es grupos terrorista al margen de la ley, lo cual también le quita herramientas a la Comunidad Internacional para ayudar a Colombia. En conclusión no hay razones de peso sufiente para que la Comunidad Internacional se comprometa con la causa colombiana, y así fuera el caso y se cumplieran las condiciones necesarias para ello, estas acciones en el caso específico de la ONU, que es la única OI con las facultades reales para intervenir, no se ejecutan a menos que sean aprobadas por los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad, lo cual tampoco va a pasar, porque al final siempre entra en juego un último ingrediente y es la voluntad política de los países, voluntad que por ahora sólo la ha tenido Estados Unidos. En fín,en derecho internacional como en diplomacia, el protocolo a seguir es que el principio que prima es el de la no intervención y el respeto de la soberanía por encima de cualquier otro (a excepción de las crisis humanitarias y en casos de violaciones al Derecho Internacional Humanitario),primero se contempla el diálogo y como última opción la intervención directa.

Por otro lado muchos aducirán, como mi amiga Gloribett, que los convenios internacionales obligan a los países a perseguir terroristas y que Venezuela hace parte de la Interpol y tanto Iván Marquez, Rodrigo Granda, Timochenco y Jesús Santrich tienen circular roja de ese organismo internacional, pero también es cierto que Venezuela puede aducir que no tenía ni idea de esas pruebas y también es cierto que aunque se han tomado medidas para combatir el terrorismo hay un vacío teórico muy grande que afecta la práctica de la lucha antiterrorista y es que no hay una definición única y ampliamente aceptada de terrorismo, este vacío académico es tema de estudio de varios inyternacionalistas como Walter Laqueur y Michael Walzer. Ello es de suma importancia porque, aunque es ampliamente utilizado, el término mismo o mejor dicho las varias definiciones existentes son bastante ambiguas y hasta peligrosas, y es por ello que se prestan a manipulacíón e interpretaciones diferentes, por ello se presentan cosas como el hecho de que, para algunos, grupos al margen de la ley como las FARC podrían no ser considerados como terroristas sino como grupos beligerantes, así como grupos beligerantes o la simple oposición podrían ser tildados de terroristas sin realmente serlo; esa es otra de las causas de la prudencia que manifiesta la Comunidad Internacional en este tipo de cuestiones.

Si me preguntan mi humilde opinión, el asunto no va a pasar de denuncias a nivel internacional que no van a tener eco en la Comunidad Internacional y que no van a comprometer ni a la OEA ni a la ONU lo cual va a dejar la solución de esta crisis en manos de los gobiernos de ambos países que tendrán que sentarse a dialogar con la ayuda de la intervención de una tercera parte que cumpla funciones de mediador entre ambos países y logre sentarlos a la mesa de diálogo.



Agradecimiento especial a mi profe de Resolución de Conflictos Carlo Nasi.

lunes, 19 de julio de 2010

El cadáver del Bicentenario


Y se nos llegó la celebración de los 200 años de la Independencia, en el fondo de mi alma me siento realmente orgullosa de ser colombiana y celebro que nuestro prócer Simón Bolívar nos haya liberado del yugo español. Nuestro país cumple 200 años y lo cierto es que el Bicentenario llega con muchos conflictos con nuestros queridos hermanos venezolanos cuando deberíamos estar más unidos que nunca. Mientras acá en Colombia estamos a la expectativa de qué nos depararán los próximos años, en Venezuela el señor presidente Chavez se ha dedicado a celebrar a lo grande el bicentenario exhumando los restos de nuestro prócer. Sé que muchos lo ven como otra de las excentricidades de Chavez, mientras otros lo consideran una profanación a sus restos y otros como una especie de rito pagano que no tiene razón de ser. Estoy de acuerdo con el hecho de que tiene mucho de excentricidad y tiene mucho de manipulación política de la historia, pero en este caso mi lado de científica amante de la antropología forense prevalece sobre las críticas que pueda hacerle a las locuras de Chávez. Para los que creen que se trata de una profanación pues siento decirles que el cadáver de Bolívar tuvo que ser trasladado de la Catedral Basílica de Santa Marta en Colombia a Venezuela en el año de 1842, y una vez allá fueron una vez más trasladados en 1877 al Panteón Nacional de Venezuela, así que no es la primera vez que perturban el sueño eterno del Libertador, por lo que no creo que haya por qué escandalizarse al respecto.
En segundo lugar, hablando como científica y no como politóloga y habiendo visto los videos de la exhumación, obviamente haciendo caso omiso de las declaraciones ridículas y absurdas de los miembros del gabinete de Chávez, creo que el equipo que la realizó lo hizo de forma impecable, con el profesionalismo y la dedicación que el caso ameritaba.

Ahora, más allá del escándalo, creo que debemos pensar en que el motivo por el cuál se decidió exhumar el cadáver, aparte de las obvias intenciones políticas y de todos los elementos simbólicos que hay detrás, fue ver si realmente Simón Bolívar murió de tuberculosis o si fue envenenado por arsénico, pues un estudio de la Universidad de Maryland había dicho que podría haber muerto por esta causa, sin embargo ello pudo haber sido causado por una exposición continua a la sustancia y no necesariamente por un envenenamiento intencional, como sucedió con Napoleón. Pero...¿cómo lograr probar la intencionalidad o no intencionalidad del envenenamiento?, he ahí el meollo del asunto porque con el análisis del cabello y de los dientes la sustancia puede ser identificada en el análisis químico y microscópico, sin embargo ¿cómo demostrar que se la dieron a propósito para asesinarlo? Si me preguntan creo que es bastante difícil hacerlo tantos años después de la muerte, casi 180 para ser exacta, y más si se tiene en cuenta que los traslados anteriores de los restos pudieron haber contaminado y hasta alterado los restos del Libertador. Con respecto a la tuberculosis, creo que sigue siendo una causa probable de la muerte, y no es nada difícil comprobar que el Libertador pudo haberla padecido, no sólo mediante análisis de ADN, sino mediante el análisis óseo, pues la tuberculosis en adultos afecta el aspecto de los huesos, en particular de las vértebras, especialmente de la sexta torácica (T6) a la lumbar 3 (L3), mostrando una pérdida de densidad, porosidad, granulosidad y hasta la destrucción de los cuerpos vertebrales.

El valor científico de esta exhumación es realmente emocionante, y creo que se ha opacado por las bien conocidas críticas al presidente Chavez. Sin embargo dado las implicaciones ideológicas y políticas, que son obvias en cada actuación de Chavez, veo con profunda preocupación cómo este hecho ha sido manipulado por el presidente de Venezuela, y me preocupa que los hallazgos científicos sean objeto de la misma manipulación, por lo que es probable que la verdad que se busque develar, tal vez termine siendo una mentira fabricada con fines políticos. Como científica, espero que sea publicado el informe de los análisis realizados al cadáver de Bolívar, para convencerme de que realmente lo que se divulgue sea científicamente probable. Sólo el tiempo dirá en qué terminará toda esta historia, mientras tanto a sacar las banderas y a festejar, que 200 años no se cumplen todos los días...

Agradecimiento a mis profesores de Antropología Biológica y Forense, especialmente a Karen Ramey Burns.